sábado

Victoria

En seis meses apenas me había fijado en la vieja del piso de abajo. La había visto esperar el ascensor con bolsas del supermercado, la había oído hablar con otras viejas en el portal y la había saludado un par de veces aunque no recordaba el timbre de su voz.

Por eso me extrañó reconocerla cuando llamó a mi número de trabajo, porque tengo dos teléfonos móviles y dos números, y uno sólo es para trabajo.

— Hola, buenos días. Le llamaba por el anuncio, no sé si he llamado bien.

La imaginé de inmediato, con nitidez, su cabello demasiado negro y demasiado largo, sus bolsas de plástico serigrafiadas a dos colores, su ojos pequeños pintados con una raya negra, sus faldas de cuadros negros y sus blusas de rayas blancas.

Nunca uso el usted cuando hablo con las viejas.

— Buenos días, has llamado bien. ¿En qué puedo ayudarte?

Terry Salgado

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