domingo

Victoria III (Banalidades)

Había mañanas, entre semana, que me despertaba el timbre del teléfono de la vecina. Era un sonido ahogado, amortiguado por los tabiques, y las cámaras de aire, pero que aún así trepaba desde el piso inferior hasta mi cama y se metía por mis oídos. 

Yo entonces imaginaba un viejo aparato de baquelita, de color rojo, con un cable enredado, y veía a la vecina, a la que aún no conocía, vestida con bata y calzada con zapatillas, ambas estampadas, hablando de banalidades mientras me desperezaba.

Mucho más tarde supe que el teléfono no era rojo, que no tenía cable, que la vecina no vestía bata y zapatillas y que en absoluto hablaba de banalidades.

Terry Salgado

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