sábado

Paloma IV (El barro)

Paloma abre la puerta que susurra como una sábana en medio de la noche. Luis se da cuenta de que se ha pintado la raya de los ojos y se ha puesto dos pendientes, dos aros dorados con un radio de 4 centímetros, que brillan bajo la luz blanca del portal.

Caminan sin hablar por un pasillo ancho con las paredes cubiertas de libros y entran en un salón pequeño iluminado por la luz de la media tarde que entra a través de las cortinas cerradas.

Luis no sabe qué hacer y la mujer le invita a sentarse en un sofá bajo de color crema, una vez acomodado Paloma le ofrece un café.

— ¿Tomas café u otra cosa?
— Lo que tú quieras.
— ¿No sabes lo que quieres?
— Sí que lo sé, pero hoy eres tú la que decides.

La mujer se ruboriza, da media vuelta y regresa con una bandeja con una taza, un azucarero, una jarrita con leche y una cafetera italiana.

— ¿Tú no tomas?
— A mi edad un café después de las dos de la tarde supone una noche en vela.

Paloma se sienta frente a Luis que se sirve él mismo café y le añade unas gotas de leche.

— Mi marido también lo tomaba cortado.

Luis sonríe con amabilidad mientras piensa como meter a esa mujer en el barro.

Terry Salgado

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