Paloma vive en un piso grande de un buen barrio, cerca del centro. En el camino hacia su calle le ha hecho a Luis preguntas que no se ha atrevido a hacerle en la cafetería, a pesar del café caliente y de la napolitana.
— ¿Por qué te dedicas a esto? Y no me digas que por dinero.
— Tengo una buena relación, un buen feeling, con las mujeres mayores.
— ¿No hay un componente, no sé, morboso?
— Defíneme morboso.
— Gusto insano.
— En este caso sólo hay gusto.
Paloma no puede evitar sonrojarse.
Antes de llegar al bloque donde vive, Paloma le da indicaciones de cómo debe hacer esa tarde para entrar sin que ningún vecino sospeche, después le da la mano y le dice que le espera a las cuatro y media, la hora en la que su marido enfermo está en lo más profundo de su siesta.
Terry Salgado
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