Darío no sólo intuye, sabe.
Sabe que como vivo tenía poco valor. Que a pesar de haber acumulado días sobre la corteza terrestre jamás supo arañarla con carácter. Darío se ve a sí mismo como un gato desastrado, desmadejado y con las uñas extraídas.
Darío sabe de sí mismo, ve su propio retrato sin necesidad de un espejo, consigue por tanto verse de forma real (no invertida) y sin deformidades. Esto le permite saberse inútil para la vida, y aunque tiene la tentación de buscar excusas (¿acaso no trabajó, no amó, no tuvo placer y dolor?) le dura poco y reconoce su incapacidad.
Darío sabe que vale más de muerto que de vivo.
Nazaré Lascano
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