Subí la compra a casa de Jorge. Era verano.
Antes de irme estuve recogiendo mi ropa y mis libros y dejé la bolsa en medio del pasillo. Dentro había una docena de huevos, carne picada, medio kilo de sardinas, una manzana, tres o cuatro naranjas y un racimo de plátanos.
Olvidé meter las cosas en la nevera y cuando al cabo de unos días Jorge volvió a casa todo se había podrido.
El olor en el piso era insoportable.
Me llamó hecho una furia. Discutimos, me gritó que había sido por culpa de mi despiste, yo le dije que no, que estaba claro que todo se debió a la manzana podrida.
Nazaré Lascano
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