Mientras espera a Sonia Ricco en la habitación, con la pistola fría encima de la mesa, H. escribe en su agenda:
Siento la tristeza en momentos absurdos, también la vergüenza y, pocas veces, la nostalgia y el optimismo.
Menos aún siento la rabia o la esperanza (que es como la rabia domesticada) y a pesar de lo poco que me interesa el mundo sigo teniendo pensamientos eróticos y morbosos todo el tiempo.
Todo lo llevo a sentimientos que a penas controlo y que sólo se domestican con las normas de educación y la timidez de quien no sabe reconocerse ahí fuera.
Nazaré Lascano
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