No volví a ver a Victoria hasta una semana y pico después. Nos cruzamos en el portal, ella salía con un montón de sábanas planchadas en los brazos, acompañada de un chico con uniforme de un hotel que le sujetó la puerta del portal. Yo me eché a un lado, sonreí y la saludé.
— Buenos días Victoria, ¿mucho trabajo?
No respondió, me miró un instante y continuó hasta una furgoneta con el nombre de un hotel de tres estrellas aparcada en doble fila.
Me quedé un instante en la puerta mirando y tratando de entender la situación. Cuando por fin di la vuelta para entrar en el portal oí que Victoria le decía al chico "Ese imbécil me debe dinero".
Terry Salgado
No hay comentarios:
Publicar un comentario