Vi que pegaban a un hombre en medio de la calle, una noche de verano, en la trasera de una avenida en la que la gente paseaba, donde las parejas salían de un restaurante o del cine.
No hice nada, me llevé la mano instintivamente al costado donde llevo la pistola, allí estaba, fría, esperando por mí y por ese hombre. Olía a basura, había cartones amontonados y el suelo de las aceras estaba lleno de manchas de grasa.
Aquel hombre cayó sobre la basura, sobre los cartones, sobre las manchas. Antes de dar media vuelta oí como alguien subía una persiana.
Nazaré Lascano
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