Victoria tenía razón, yo también prefería pagar.
Si pagas te libras, no necesitas dar más que lo que está marcado, es como comprar unos zapatos o una botella de vino, no tienes que pedir permiso ni perdón, puedes pisarlos o bebértela, o hacerlo al revés, no hay que dar explicaciones, no hay que sentirlo.
Mi trabajo era así, y estar del otro lado tenía algo que iba más allá del morbo, tenía la frialdad exenta de culpa de lo económico, la asepsia de un contrato, la limpieza de las cifras escritas en número y, al lado, entre paréntesis, en letra.
Terry Salgado
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