Alguien, quizás algún compañero de la oficina, le habló a Darío Varona de la importancia de hacerse un seguro de vida y otro de decesos, también le informó que podía contratar los dos juntos a un buen precio. Otra compañera le dio una tarjeta con el nombre de una compañía de seguros especializada en oficios de riesgo.
Darío llevaba apenas una semana en la comisaría y ya se le había planteado la posibilidad de acabar en una caja de madera y, lo que es peor, se le había obligado a tener que elegir qué tipo de caja y de madera será la mejor para su cadáver.
Tardó más tiempo en decidir esos detalles a la hora de rellenar la póliza que en señalar al beneficiario de su seguro de vida.
Nazaré Lascano
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