domingo

El desenlace

Empecé a recibir regalitos. 

Todos los días, de cualquier forma y tamaño, caros y baratos, sin una nota, sin un propósito y sin un final.

Al principio me gustaba, después me parecía una pesadez, al cabo de unos meses era un horror.

Flores, libros de filosofía, figuras de mármol, anillos de plata y de oro, frascos de perfume, poemas plagiados, plumas estilográficas con el plumín de oro, cajas envueltas en celofán con pastas de té, peluches pequeños, medianos y gigantes, medallas de la Virgen, botellas de licores raros, ropa interior demasiado sexi, cuadernos con cubiertas artesanales, bolsos de marca, joyeros con compartimentos secretos, abrigos entallados, collares de perlas, paraguas de colores, maquillaje francés, zapatillas deportivas, carteras de cuero, discos musicales de colección, relojes minúsculos, pitilleras de alpaca, cajitas de música, gafas de sol, camisetas de equipos de fútbol, entradas VIP para el teatro, bombones belgas, pendientes de diseño exclusivo, velas perfumadas, reproducciones de pinturas del Prado, juegos de café británicos, películas en DVD y hasta una bicicleta.

No supe quien era pero me martirizó durante todo ese tiempo, el misterio me comía y todo el mundo a mi alrededor se convirtió en sospechoso, pero lo peor era no poder agradecerle a nadie todo aquello, no poderlo disfrutar porque no sabía las intenciones ni el momento final de todo aquello, el desenlace que aclarara todo y que nunca llegó.

Nazaré Lascano

No hay comentarios: