jueves

Malvada Naza

Yo tendría seis o siete años y una niña de mi edad, hija de unos amigos de mis padres, llegó a nuestra casa con un muñequito muy lindo, era del tamaño de un puño y recuerdo que tenía los ojos grandes, el pelo muy rubio y el tacto muy suave, también que olía a lavanda, aunque yo aún no sabía que ese olor se llamaba así.

Les aseguro que hice todo lo posible por no mirarlo, por no olerlo, por no acariciar su pelo suave y amarillo, pero aquella niña, que era sonriente, amable y quería ser mi amiga, me ofrecía constantemente el muñeco para que jugara con él.

Hice todo lo posible por no hacerle nada malo a aquel muñequito tan lindo, lo juro.

Nazaré Lascano

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