Una noche en la que Amparo no estaba en casa le pedí a Jorge que durmiera conmigo. Por alguna razón por entonces me gustaba la idea de compartir la cama, hablar antes de dormir, leer, abrazarnos.
Jorge puso cara de extrañeza, pero aceptó sin problemas. Nos acostamos relativamente pronto, yo fui al baño, me puse un camisón y me lavé los dientes. Cuando volví al dormitorio él hablaba por teléfono. Aún estuvo cinco minutos hablando cuando yo ya estaba acostada a su lado.
— ¿Con quién hablabas?
— ¿Qué?
La respuesta fue realmente mala.
— Qué con quién hablabas por teléfono.
— ¡Ah! ¿Ahora? Con Amparo.
— ¿Y qué quería?
— Me pedía que fuera a su casa.
— ¿Y eso? ¿Le pasa algo?
— Decía que tenía la sensación de que había entrado alguien.
— ¿A su casa? ¿Cree que ha entrado un ladrón?
— Bueno no sé si un ladrón.
— ¿Y qué vas a hacer?
— ¿Yo? Nada, no puedo hacer nada, ya le he dicho que esta noche la paso contigo.
— Pero... Puede que esté pasándole algo.
— ¿Tú crees?
— Amparo es muy intuitiva, si dice que cree que ha entrado alguien en su casa seguro que es verdad.
— No sé, no sé.
— Pero, ¿cómo que no sabes? Tienes que ir a ver qué pasa.
— ¿Tú crees? Amparo es muy fantasiosa.
— Nadie se inventa algo así.
— Vale, vale. — Jorge se levantó de la cama, aún llevaba los pantalones puestos— me acercare por si pasa algo.
— Genial, así me quedo más tranquila.
— Llamaré un taxi, tengo el coche averiado.
— ¿Cuánto crees que tardarás en volver?
— ¿De casa de Amparo? No me esperes despierta.
Nazaré Lascano
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