Mi psicóloga me ha pedido que le haga una relación cronológica de momentos importantes en mi vida. Me ha parecido fascinante para mi ego y he hecho un narración limpia y extensa que a las dos nos ha dejado satisfechas.
Pero al llegar a casa, antes en realidad, caminado hacia el metro y subiendo por las escaleras mecánicas, me he dado cuenta de que, lamentablemente, he olvidado hablar de un par de trabajos importantes, de un viaje del que siempre presumí y de dos amantes.
Llena de rabia he tratado de dar la vuelta y regresar a la consulta, después me he visto a mí misma como una obsesiva y he pensado en que era mejor llamar a mi terapeuta cuando llegara a casa.
Una vez en mi apartamento me he dado cuenta de que aquel ejercicio de terapia había salido mucho mejor de lo que pensaba.
Nazaré Lascano
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