domingo

Lo vulgar II

Sonia Ricco se debate entre la representación de la realidad y la propia realidad que asume ingenuamente.

Tomás le insiste en que haga de todos los episodios que está viviendo con H. un ejercicio de ficción consciente, de irrealidad teatral con la que construir una obra única que salga de los límites de los escenarios. Pero H. le exige naturalidad porque es en ese hábitat donde pretende vivir sus pausas sin artificios, sus treguas de ser vulgar.

La pelea entre esos dos hombres que no se conocen tiene lugar en su cuerpo, o mejor, en su imagen. H. quiere observarla en su cotidianeidad y Tomás no quiere que Sonia le regale a su espectador algo que debe ser solo para él.

Cada vez que Sonia se desnuda delante de H. debe decidir entre representar el papel que Tomás le ha escrito y que han ensayado juntos o ser lo vulgar que H. le pide y por lo que le paga.

A veces, tendida en la cama de la habitación de H. Sonia se imagina que los papeles han cambiado, que su pareja real es H. y que Tomás está en casa esperando que represente su papel de esposa para él.

Nazaré Lascano


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