Paloma sale del salón y va sola hasta la habitación para comprobar que su marido sigue dormido.
Luis la espera fijándose en alguno de los objetos que llevan allí tantos años que Paloma ya no los ve, es por eso que no se ha preocupado por quitar fotos enmarcadas en las que se ve a un hombre y una mujer jóvenes posando en un lugar indeterminado con una luz amarillenta. Luis no sabe si la mujer de la foto es Paloma o su hija, y si el hombre es su marido.
Cuando Paloma entra en el salón, le sonríe por primera vez.
— Todo bien, ¿vienes?
Luis camina detrás de Paloma preguntándose por qué ha sonreído precisamente en un momento como ese. Cuando llegan a la puerta entornada del dormitorio Paloma se echa a un lado y le indica con señas que se asome al interior.
Dentro no se ve nada, los ojos de Luis tardan en adaptarse a la semipenumbra y pasan unos segundos hasta que puede distinguir una cama de matrimonio, una cómoda y un espejo iluminados torpemente por la luz que penetra por las rendijas mínimas de la persiana bajada.
Luis evita a toda costa mirar su reflejo en el espejo.
Terry Salgado
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