viernes

Azucena

El primer servicio de Luis fue por la mañana con una mujer negra.

Lo recibió con un vestido de tonos verdes y dorados, la falda por debajo de la rodilla, el pelo corto y rizado. Aunque a Luis le parecía mayor no debía tener más de cuarenta y cinco años. Su acento era muy suave, pero se le notaba el final espumoso frizzante de las sílabas de cierre en portugués.

El domicilio de esa primera clienta estaba en un barrio de las afueras y Luis temió que aquello fuera una trampa. Sentado en el Metro fantaseó con que alguien le estaría esperando para robarle o castigarle por su oficio. Inquieto, miró de nuevo el nombre de la calle apuntada en un papel doblado y, cuando llegó, todo fue tal como la había imaginado, una vía estrecha, con manchas permanentes en las aceras y con bloques feos de ladrillo de cuatro a seis alturas. 

El portal estaba abierto. El piso no tenía ascensor y cada planta tenía un olor propio.

Luis subió con el corazón desbocado hasta la cuarta planta y escuchó un instante tras la puerta antes de llamar. No oyó nada especial, quizás un pájaro revoloteando en una jaula metálica y una cazuela o una olla en el fuego, al cabo de un rato distinguió el sonido perfecto de los cubiertos entrechocando.

Llamó una sola vez al timbre y apenas esperó un instante. Una mujer abrió la puerta, llevaba puesto un vestido de tonos verdes y dorados, olía a jabón fresco, como a recién duchada. Luis pensó que aquella mujer no podía ser con la que había contactado la noche anterior, dudó un instante y miró el papel doblado "Buenos días, pregunto por Azucena". La mujer apenas sonrió "Eres Luis Manuel", dijo sin preguntar, alargando la nasalidad de la ele final, Luis dijo que sí y ella se apartó a un lado para dejarle pasar.

El pasillo, como la mujer, era ancho, fresco, limpio, en semi penumbra, sin un solo mueble ni un solo cuadro, al final se abría un salón iluminado por la luz del sol. Cuando traspasó la puerta Luis paró sin saber qué hacer. La mujer se puso a su lado, abrió un bolso grande de cuero negro, rebuscó hasta que encontró una cartera, de la cartera sacó dos billetes y se los alargó a Luis. "Gracias", dijo muy bajito, y se ruborizó al darse cuenta de que era el primer dinero que ganaba por tener sexo con una mujer.

Terry Salgado

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