Paloma cierra la puerta del dormitorio de forma amorosa y Luis la sigue de nuevo hasta el final del pasillo donde se abre una habitación pintada en tonos azules.
A Luis le parece que si los colores tuvieran olor ese sería el aroma del azul.
En medio del cuarto hay una cama grande, aunque no de matrimonio, vestida con sábanas blancas y, al fondo, una puertecita que da a un baño.
Paloma le señala a Luis la puerta.
— ¿Te importa ducharte?
— Claro que no.
— Dentro tienes toalla, si necesitas algo más me dices.
Luis se ducha con tranquilidad, casi con pereza, Cuando sale del baño, aún mojado, cubriéndose con una toalla del mismo tono de azul de las paredes, ve a Paloma que está metida en la cama medio tapada con las sábanas como una esposa cansada o distraída.
— Hola. ¿Te parece bien así?
Paloma apenas lo mira antes de responder.
— Está bien así, pero sécate por favor.
Luis se quita la toalla y se seca con ella, primero la cabeza y después el torso. Cuando termina la deja en el suelo y se coloca a los pies de la cama.
— ¿Qué quieres que hagamos, Paloma?
Terry Salgado
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