Cada media hora pasaba el tren de cercanías frente a su casa.
Contrató a un escritor de teatro y a tres actores, les pagó para que montaran una pieza de un minuto y veinticinco segundos que era el tiempo exacto que tardaba en pasar el convoy delante de su ventana.
Los pasajeros verían no más de seis segundos de una obra que debían completar en su imaginación. Todo debía ser muy rápido, muy efectivo, como un disparo en el rostro.
Montaron tres comedias, dos tragedias y diez melodramas que es el género más adecuado para los viajes en tren.
Nazaré Lascano
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