Algunas tardes dejaba las llaves de casa encima de la cama, salía de mi apartamento y cerraba la puerta tras de mí. Daba una vuelta a la manzana y regresaba a los cinco minutos.
Después de un rato delante de la puerta cerrada pedía, avergonzada, ayuda a mis vecinos.
Nazaré Lascano
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