En su visita de media mañana, en lugar de encontrar a la sospechosa, Darío Varona se cruzó en la terraza con un hombre de más de setenta años en albornoz.
Le tranquilizó pensar que no podría llevar un arma escondida.
—¿Es usted vecino de la comunidad?
Cualquiera de los dos podría haber hecho esa pregunta. pero fue el vecino el que disparó primero.
— No, sólo soy una visita, un invitado.
— ¿De la señorita del segundo?
Darío no podía permitirse dudar.
—Sí, de la chica del segundo.
— ¿No está ella en casa?
— Salió a trabajar temprano.
— Pues entonces no puede estar aquí.
— ¿No puedo estar en la terraza?
— Es sólo para vecinos con sus acompañantes y si ella no está en su casa usted no puede deambular usted solo por la finca.
—¿Deambular?
— No puede ir solo por los espacios comunes. Está en los estatutos de la finca.
— ¿Y usted pude ir en albornoz por la finca?
— ¿Qué?
— ¿No dicen nada los estatutos del decoro?
— ¿Decoro? No dicen nada del decoro.
— ¿Lleva documentación?
— Qué documentación? Soy propietario, además he subido a tomar el sol y en el albornoz no puedo llevarla.
Darío estuvo a punto de sacar la placa de inspector y exigirle que se identificara, pero prefirió no darse a conocer y dio la vuelta.
— Átese bien el albornoz. Buenos días.
Cuando ya salía por la puerta el vecino le habló con amabilidad.
— Puede volver a la terraza acompañado por la señorita. Si lo desea.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario