lunes

Los zapatos de Naza

Mamá me regaló unos zapatos maravillosos cuando cumplí los veinte. Eran negros y brillantes, con la punta justa y el tacón ideal, es muy difícil encontrar el tacón ideal. Busqué una ocasión importante para estrenarlos, un día especial en el que caminar rotunda y descarada con mis zapatos nuevos.

Lo encontré, llegó ese día gracias a la boda de una prima de mi viejo a la que ni siquiera conocía, pero no me importaba nada la prima, ni la boda, ni mi viejo, me importaba ponerme esos tacones fastuosos con un vestido corto que no llevaría en ninguna otra circunstancia que no fuera lucir con orgullo esos zapatos.

Y llegó el día, y mi vestido me quedaba tan bien que no me reconocía en el espejo y mamá a punto estuvo de llorar, y papá me dijo por primera y última vez lo guapa que estaba, y entonces me calcé por fin mis zapatos negros brillantes con la punta justa y el tacón ideal. Y al segundo, tercer, cuarto paso me di cuenta de que algo pasaba, de que los zapatos maravillosos me quedaban grandes, que se me salían, que me hacían caminar como un pato sobre un montón de huevos de pato. 

Y así hasta hoy.

Nazaré Lascano

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