Hacía un día de viento que traía gotas de lluvia y palabras sueltas, cortadas. Hay que tener mucha cautela los días de viento.
Darío nunca se había fijado que hubiera tanto viento en las calles, sobre todo al doblar las esquinas o al caer la tarde, momento en que se hacía insoportable. Pero ahora ya no tiene sentido que use esa palabra, insoportable.
Tampoco se había fijado en que hay gente que aprovecha una ráfaga especialmente favorable y se eleva, y se deja llevar unos metros. También hay personas, sobre todo mujeres muy jóvenes y muy ligeras, que se elevan tanto que se cuelan por las ventanas más altas de los edificios.
Darío entiende cosas, estados y elementos que nunca había entendido.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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