martes

Enemiga íntima

Los intrusos son una especie de enemigo íntimo, a veces no sabes que lo son.

Un intruso se colaba en mi apartamento a finales de mes. Lo descubrí porque era un descuidado, porque dejaba mis cosas fuera de su sitio. 

Primero fue una chaqueta fuera del armario, colocada sobre una silla. Después un intercambio de parejas de unos calcetines de tenis, casi iguales, yo siempre había presumido de que nunca me equivocaba con las parejas así que aquello era muy sospechoso.

A continuación llegó el caos, unos pantalones mal colgados y unas braguitas sobre la cama.

Cuando supe que alguien estaba entrando en mi casa entré en pánico y empecé a recorrer el apartamento como una loca, mirando en cada armario, en cada recoveco, en cada rincón.

Busqué en los lugares más extraños, pero decidí no mirar debajo de la cama.
 
Siempre hay que dar una oportunidad.

Por las noches, con la puerta de la calle bien asegurada, me acostaba en mi cama e imaginaba que el intruso estaba allí abajo, y que era él el que tardaba en dormirse pensando que la intrusa era yo. Que era yo quien colocaba de forma absurda las cosas que él descolocaba en mi ausencia, que su enemiga íntima era yo.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas


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