martes

Con el botín puesto

Los olores de las comidas haciéndose en las cazuelas de cada cocina se mezclaban sin pudor en el portal de Susana.

Algunos días me acercaba hasta su calle, entraba en el portal y subía las escaleras hasta el último piso, ponía el oído en su puerta y escuchaba la olla o la cazuela, con las patatas y la verdura, que su madre había dejado en los fogones.

Mientras yo esperaba, a lo lejos, en algunas casas, se oía una lavadora centrifugando, cubiertos chocando o, si había suerte, un vaso estallando contra el suelo.

Hasta que oía que se abría la puerta de la calle y bajaba, con la respiración entrecortada, saludaba a alguna de las mujeres que regresaba de la compra y volvía a la calle con mi botín puesto.


Terry Salgado, El informe amarillo


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