viernes
El artificio del azar
jueves
Viajar solo
Todos los viajes son viajes al interior. Michaux viaja solo y sin guías, tanto en las selvas como en los laberintos de la psique.
Juan Arnau, Henri Michaux: el lejano espacio interior. El País 27/09/2023
A la salida del cine
Henry y Charly a la salida del cine.
Henry: Lloré cuatro veces.Charlie: Yo también. Quizá fueron las mismas cuatro veces.
Historia de un Matrimonio (Marriage Story), de Noah Baumbach (2019)
martes
Una ecuación seca
Yo era joven, un hombre me gustaba, otro me amaba. Tenía que resolver uno de esos estúpidos conflictos de joven. Me consideraba importante. Había incluso un hombre casado, otra mujer, un verdadero juego de cuatro que se desarrolla en una primavera parisina.
Me hacía de todo ello una ecuación seca, cínica en deseos.
Françoise Sagan, Cierta sonrisa
lunes
La obsesión por el tema
Los pintores, y especialmente Édouard Manet, que es un pintor analítico, no comparten la obsesión de las masas por el tema: para ellos, el tema es solo un pretexto para pintar, mientras que para las masas solo existe el tema.
Émile Zola
viernes
La joven de la perla
No me ha gustado el final porque ha sido triste porque la chica se ha tenido que ir de la casa y lo que más me ha gustado ha sido el final cuando la chica conoció a su novio.
Beatrice Chivu 2ºC, socialeseimagen.com
jueves
Acompasar la melodía
La chica que toca el instrumento musical es un derroche de calidad. Podemos apreciar el brillo y el tacto del satén de su vestido o fijarnos en el ribeteado de su corpiño.
La música parece resonar en la estancia, y con un poco de imaginación podemos escucharla como hacen esos dos hombres, que incluso parecen acompasar la melodía con las letras de la canción leídas en un libro.
A. Cerra, Mujer tocando la tiorba ante dos hombres de Gerard Ter Borch
miércoles
Interés en la planificación
¿A qué tanto interés en la planificación? “Tengo una necesidad de planear, de sentirme cómodo en esos planos, pero soy incapaz de rellenarlos de vida, los veo opuestos a lo que luego causan”, explica.
Esa tensión entre lo que el plano propone y en lo que se traduce finalmente en el mundo real la percibe también en la poesía. “Es esa tensión entre el control de la forma y la necesidad de que se desborde”, concluye.
Juan Gallego Benot, el escritor que no reconoce las caras y percibe la ciudad como un laberinto, El País 19/09/2023
sábado
Una segunda bala
— ¿Qué opinas de darle una segunda oportunidad a las personas?— Siento que darle una segunda oportunidad a alguien es como darle una segunda bala.
Chica en la Plaza de Callao de Madrid
jueves
La sedimentación
— ¿Tú crees? No sé, a los críticos os gusta mucho inventar términos.— En este caso creo que es un término que te viene como anillo al dedo. En tu novela...
Nazaré Lascano simula una cara de sorpresa.
— ¿Novela?— O lo que sea, pero la llamaremos novela porque creo que a pesar de todo cumple con los cánones.— Bien, — ríe— aceptamos novela.— Pues bien, en esta novela tuya de aguas subterráneas hay huecos profundos, cursos de agua, cuevas inundadas, pasadizos y hasta pozos.— Pero no todo transcurre por el subsuelo.— Desde luego porque las aguas de tu novela cuando logran salir a la superficie forman lagos y oasis.— Solo has hablado de lo bonito.— ¿Tiene algo feo?— La grava, las arcillas o las areniscas que no se ven desde el exterior, pero que quedan en el fondo fruto de la sedimentación.
S. Fuentes, "La memoria líquida". Entrevista a Nazaré Lascano
lunes
Virtualmente infinito
Borges había reseñado en junio esa conferencia de Valéry en el College de France, fascinado por sus dos tesis en apariencia contradictorias: la primera, que toda creación literaria “se reduce a una combinación de las potencias de un vocabulario determinado” (es decir, una combinación feliz de las reglas del idioma), y la segunda, que “las obras del espíritu solo existen en acto”, un acto que “presupone evidentemente un lector o un espectador”.
De esas premisas se derivan conclusiones divergentes, porque la primera comporta un número finito de obras literarias, mientras que la segunda subraya que cada lectura es única y distinta de lector a lector, lo que convierte su número en virtualmente infinito.
Domingo Ródenas de Moya, El orden del azar: la vanguardia de Guillermo de Torre junto a los Borges
Un poco de vergüenza
— Sí— respondí vagamente. Mis actividades, por mínimas que fuesen, me daban siempre un poco de vergüenza.
Françoise Sagan, Cierta sonrisa
sábado
En un rincón de mí nacerá una planta
Mis cuentos no tienen estructuras lógicas.
A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico.
Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado; no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento; sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos.
Felisberto Hernández
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viernes
La comedia inconsciente
Bertrand me hablaba del tío viajero, al que parecía querer poco. Me hablaba de la comedia de sus viajes, pues Bertrand pasaba su tiempo buscando comedias en la vida de los demás hasta el punto de que vivía con temor de representar él mismo una comedia inconscientemente.
Françoise Sagan, Cierta sonrisa
Bertrand me hablaba del tío viajero, al que parecía querer poco. Me hablaba de la comedia de sus viajes, pues Bertrand pasaba su tiempo buscando comedias en la vida de los demás hasta el punto de que vivía con temor de representar él mismo una comedia inconscientemente.
miércoles
Crónica de un día de lluvia
Tengo una vecina que es malagueña. Tiene la cara redonda, los ojos muy grandes, el pelo de malagueña, la nariz... no sé la nariz, pero sus piernas me vuelven loco.
Siempre lleva faldita, se llama Marian o Miriam y a veces coincidimos en el ascensor, junto a los buzones, a veces comentamos algo sobre la publicidad que atasca nuestros casilleros. Siempre sonríe, siempre lleva alguna bolsa de la compra, esas bolsas verdes que no sé porqué odio profundamente; incluso cuando van pegadas a su mano derecha, una mano con la que sueño en solitario.
Miriam o Marian tiene un marido o un novio o alguien con quien vive, se llama Manolo y tiene cara de Manolo (que cada uno ponga al Manolo de su archivo personal), Manolo no es malagueño, no sé de donde es así que será de Madrid o de ningún sitio (tanto da), tiene manos grandes y cara de vigilante de patio en el cole o en la cárcel, cuando le veo siempre creo que he hecho algo mal y que va a echarme la bronca, pienso que sabe que miro a su mujer con ojos... bueno que la miro y que me va a hacer saber lo que opina sobre mis miradas sucias. Por supuesto cuando me los encuentro a los dos a la vez a penas miro a Marian, sólo les saludo con una sonrisa beatífica y me escabullo por las escaleras, sin ni siquiera esperar al ascensor.
Hace un par de días llovió mucho sobre Madrid, yo llegué a casa sobre las diez y media, empapado, después de haber tenido que andar más de la cuenta y de no encontrar un puto taxi. El portal estaba desierto, como si fuera de madrugada, y la luz amarilla me dio un mal rollo que no puedo explicar. Llamé al ascensor y como tardaba pensé en subir andando, pero al poco oí que alguien bajaba por el primer piso y decidí no encontrármelo, por suerte el ascensor llegó en ese instante y subí en el mismo momento en que una sombra cruzaba el portal desde la escalera. No me di cuenta hasta que me dispuse a salir de que alguien se había dejado una bolsa de plástico, de un supermercado en el suelo del ascensor. No supe qué hacer así que esperé a llegar a mi piso y decidí sobre la marcha... la cogí y me la llevé como el que se lleva algo que no es suyo.
Entré en casa con la bolsa como si volviera de hacer la compra, mojado, dejé la bolsa en la cocina y fui hasta el baño, me sequé, después me duché y me volví a secar, luego me puse el pijama. Olvidé por completo la bolsa. Hasta que llamaron a la puerta. Miré por la mirilla, allí, al fondo del ojo de buey, distorsionada una cara y unos ojos miraban directamente a mi ojo, era Miriam, creo que hasta me saludó por la mano y me llamó por mi nombre.
— ¡Roberto!, ¡Por favor, Roberto! Soy Mirian —o Mariam— ábreme.
Abrí, claro, en pijama, un pijama horrible con el pantalón demasiado gastado y una camiseta de rayas demasiado curvas.
— Lo siento —dijo al ver mi aspecto de preso disfrazado— ¿No estarías acostado?
— Qué va — tartamudeé— . Es que llovía y... acabo de llegar a casa, ¿quieres pasar?
Miriam pasó, llevaba un chubasquero muy fino y el pelo mojado, también llevaba un paraguas negro de la mano a juego con unas botas altas que cubrían sus piernas desnudas hasta las corvas, y una falda que debía ocultarse bajo el impermeable.
— Voy a ponerte la casa perdida... ¿Dónde puedo dejar esto?
Efectivamente, estaba chorreando, parecía que se había duchado vestida y de su paraguas no dejaba de caer agua. Le saqué un paragüero y le ayudé a quitarse el chubasquero.
— ¡Vaya chaparrón! — dijo mientras sonreía— parece que se va a acabar el mundo.
— ¿De dónde vienes?
— De la compra, ¿Qué te parece? Sólo a mí se me ocurre salir un día así.
— ¿Y Manolo?
— ¿Manolo? — Preguntó como si no lo conociera.
— Sí — dije yo dudando, esperando o deseando no haber metido la pata.— Tu pareja.
— ¡Ah, Manolo! Manolo ha tenido que irse a Galicia esta mañana.
— ¿Es gallego?
— ¿Qué?
Aquello parecía un diálogo de besugos, algo sin pies ni cabeza en medio de mi recibidor encharcado, en medio de un edificio rodeado de agua por todas partes menos por una.
— ¿Quieres una toalla?
— No, no te molestes, es que he perdido las llaves... bueno, las llaves y la bolsa de la compra. Cuando he subido me la he debido de dejar en el ascensor, me he dado cuenta al ir a abrir la puerta, pero ya lo habían llamado. He bajado enseguida, por la escalera, pero cuando he llegado abajo alguien subía... y después la bolsa ya no estaba. Oye, si tu acabas de llegar a lo mejor has visto algo, ¿has coincidido con algún vecino? ¿te has fijado si alguien llevaba una bolsa verde, de esas que uso yo?
— No — mentí como solo saben hacerlo los que viven solos— , no he visto nada, pero yo también he oído a alguien que subía, o que bajaba, no sé.
— ¡Vaya! — y ese "vaya" se me clavó en el corazón como si fuera una de esas espadas o puñales que clavan los andaluces en sus vírgenes de madera—. Si quieres, te ayudo a buscarla.
— ¿Te importa que me siente un momento?
Miriam parecía completamente desolada e hizo ademán de entrar en la cocina, yo recordé que su bolsa estaba allí, junto a una de mis blancas paredes y di un respingo como de comedia de situación.
— ¡No, por favor! pasa al salón, estarás más cómoda.
— No quiero ponerte todo perdido, mira como vengo.
Y Miriam recorrió con su mano abierta su cuerpo, desde el pecho hasta los muslos, pasando por la falda azul lluvia, corta, mínima que había surgido debajo del chubasquero empapado.
— Con que te quites el impermeable bastará.
Y me puse detrás de ella, cara a cara con su espalda e imaginé que ella, Marian, llegaba a casa, a mi casa, que también era la suya, y que yo le ayudaba a quitarse la ropa mojada y que ella se deslizaba hasta el salón apenas tocando el suelo con sus pies.
Terry Salgado
domingo
sábado
jueves
Nadie, Nunca, Nada, No
Hagamos cuentas: 700 metros de longitud, 6 metros de ancho, 15 metros de altura, 103 números, una plaza de hormigón con parque infantil y aparcamiento subterráneo, cuatro calles que cruzan y dos perpendiculares, 328 bolardos traicioneros, 22 papeleras, 46 árboles estresados que buscan en vano la luz, 52 faroles sujetos a la pared y 14 farolas sin mayor encanto que su discreción.
Un negocio de reformas y saneamiento, 2 oficinas para enviar dinero al extranjero, 2 casas okupas, 6 peluquerías africanas, un ciber-locutorio-videoclub con los últimos estrenos de Bollywood y alguna producción bangladeshí, un banco de madera, una oficina bancaria que cerró hace unos meses, una academia de dibujo llamada Habitar la Línea, un taller de diseño que produce ahora objetos singulares como un burro de porcelana con alas de Tente, un estudio de arquitectura sostenible y otro de un pintor que sirve de galería de exposiciones y que toma su nombre del “Villancico” de Ferlosio que reza por el nacimiento del niño negativo: Nadie, Nunca, Nada, No.
martes
Trepar a un árbol
El calor de la tarde veraniega ya es sofocante, pero la temperatura se dispara cuando ella entra en el baile del pueblo. Luce un mínimo vestido rosa que se adhiere a su cuerpo y se confunde con la piel, así que parece que solo llevara puesto su propio sudor, muy denso, que le confiere una cualidad resbaladiza, como de bebé o de ser anfibio.
Es una criatura hermosísima, de una sexualidad insolente. Al principio él se limita a mirarla con expresión de cordero degollado. Pero, cuando ella se acerca, le propone bailar. Ella dispara: “¿Y qué querías que hiciéramos, trepar a un árbol?”. Se seca las manos en el vestido rosa, se acopla a él y bailan la canción lenta. Él no se cree su suerte; tampoco sabe que ella ha comenzado así su venganza.
Ianko López, sobre Verano asesino (L'été meurtrier, Jean Becker 1983)
domingo
Aquel brillo
La realidad era un escenario febril en el que cada objeto tenía una función.
Daba gusto levantar los ojos y observar las ventanas encendidas, apreciar el color amarillento de la luz y adivinar las vidas que discurrían al otro lado de los visillos. Todo estaba por estrenar, por ver, todo estaba por inaugurar. Incluso las esquinas más sucias, más rotas, más meadas por los perros, tenían esa calidad de representación, de parque temático, que producía asombro.
Me pregunté qué habría ocurrido si aquel lejano día de mi infancia no hubiera regresado al sótano por el mismo agujero por el que había salido de él. Tal vez la vida hubiera mantenido siempre aquel brillo o aquella fiebre, que ahora acababa de recuperar y que nunca más, me dije, perdería
Juan José Millás, El mundo
sábado
Papel rayado
Convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
Julio Cortázar
miércoles
Juegos capitales
La novela es ese gran combate que libra el escritor consigo mismo porque hay en ella todo un mundo, todo un universo en que se debaten juegos capitales del destino humano.
Julio Cortázar
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lunes
Una ciénaga infinita
ERES UN MARCIANO.
Has de saberlo, ERES UN MARCIANO, colega. Y no te preocupes, va a empeorar. A medida que tu malestar aumente, los “terrícolas” a tu alrededor van a seguir aconsejándote con sus mejores arengas e intenciones logrando que te colapses en una ciénaga infinita de malestar.
Víctor Amat
jueves
El tiempo de llorar
Fue aquel día cuando después de una historia de amor que duró ocho años, al despertar del sueño, Leonard supo que Marianne lo había abandonado.
Entonces él tomó el cuaderno de notas que tenía sobre su pecho y escribió: “Tu cuerpo, Marianne, estará siempre en esta casa, en cualquier otro mar” Leonard entendió que había llegado el tiempo de llorar.
Manuel Vicent, Hydra, 1960 (El País, 30/07/2023)
miércoles
Sueñitos empapados
Será que no es admiración sino esa forma de apropiación antigua de los hombres, que miden a las mujeres en función de sus apetitos y sus fantasías.
Un pibón es, al fin y al cabo, un cuerpo que podría saciarlos en sus sueñitos empapados.
Martín Caparrós, La palabra Pibón (El País, 29/07/2023)
domingo
En cuanto a los presagios
En cuanto a los presagios, ya decía Wilde que simplemente no existen. El destino no manda heraldos. Es demasiado sabio o cruel para hacerlo.
Enrique Vila-Matas, Bolaño en la distancia
sábado
La esencia de la vida
Aquel que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control.
En un partido hay momentos en que la pelota golpea con el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir hacía delante o hacía detrás. Con un poco de suerte sigue hacía delante y ganas, o no lo hace y pierdes.
Chris Wilton en Match Point (Woody Allen, 2005)
viernes
La multiplicidad
Yo diría que el autor de Los detectives salvajes ve el mundo como un complicado sistema de relaciones, que es producto a la vez de múltiples sistemas interrelacionados.
Es decir que ve el mundo de un modo más o menos parecido a —por citar a un gran escritor que seguro que Bolaño admira— como lo veía Carlo Emilio Gadda. Es muy probable, por tanto, que Bolaño pertenezca a la familia literaria que reúne Ítalo Calvino en torno a una de sus propuestas para el próximo milenio: la de la multiplicidad.
Enrique Vila-Matas, Bolaño en la distancia
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jueves
lunes
Parecido con el original
Hijo del francés Jean Bauzil y de la alemana Maria Koc, hizo sus primeros estudios en París bajo la dirección de Ganbert Labeyrie y obtuvo varios premios de la Academia en 1784. Se presentó al Salón desde 1784 hasta 1793.
En 1796, dedicado ya a la pintura de miniatura, se anunció en el Journal de France con la promesa de que pagaría 1.000 libras si el retrato realizado no presentaba parecido con el original. En 1797 y tras la llamada de Carlos IV, que le asigno un sueldo de 15.000 reales y le nombró miniaturista de cámara, se estableció en Madrid acompañado de su esposa María Carlota Fontillon.
domingo
Ropa puesta a secar
Cuando terminó el libro, muchos de cuyos cuentos estaban inconclusos porque faltaban páginas, Aureliano Segundo se dio a la tarea de descifrar los manuscritos.
Fue imposible. Las letras parecían ropa puesta a secar en un alambre, y se asemejaba más a la escritura musical que a la literaria.
Gabriel García Márquez, Cien años de soledad
viernes
Viernes Santo
"¿Cuándo cayó el Viernes Santo en martes?", y la respuesta era: "El Viernes Santo es un caballo que corría en Wolverhampton y cayó por primera vez en un obstáculo el martes 22 de junio de 1864".
Alfred HitchcockFrançoise Truffaut, El cine según Hitchcock
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jueves
Errores tipográficos
Mientras Zeffirelli, estudiante revolucionario de Timothée Chalamet, está en la bañera, la famosa periodista Lucinda Krementz (Frances McDormand) entra para hablar con él.
Con él, tiene un manifiesto que contiene el conjunto de tareas que los revolucionarios desean realizar. Él le pide (algo arrogantemente) que lo corrija, diciendo “Mis padres piensan que eres una buena escritora”.
Después de esto, Zefirelli sale rápidamente de la bañera y le entrega el manifiesto. Ella dice: “Está un poco húmedo”. Él responde, preguntando: “¿Física o metafóricamente?” Después de responder que el problema es de ambos, Zeffirelli sugiere enfáticamente que no lo critique (a pesar de habérselo dado por ellos).
Ella pregunta qué quiere que haga, a lo que él responde que básicamente quería que ella le dijera que estaba bien. Krementz lo mira y dice: “Empecemos por los errores tipográficos”. Aparentemente, estaba muy por debajo del nivel de calidad que asumió.
La crónica francesa, (The French Dispatch, Wes Anderson, 2021)
Mientras Zeffirelli, estudiante revolucionario de Timothée Chalamet, está en la bañera, la famosa periodista Lucinda Krementz (Frances McDormand) entra para hablar con él.
Con él, tiene un manifiesto que contiene el conjunto de tareas que los revolucionarios desean realizar. Él le pide (algo arrogantemente) que lo corrija, diciendo “Mis padres piensan que eres una buena escritora”.
miércoles
Escenas de amor
Lo que me emocionó aquella tarde, al volver a ver todos esos trozos de películas que recordaba de memoria, pero por una noche aislados de su contexto, fue a la vez la sinceridad y la brutalidad de la obra hitchcockiana.
Era imposible no ver que todas las escenas de amor estaban filmadas como escenas de asesinato y todas las escenas de asesinato, como escenas de amor.
Françoise Truffaut, El cine según Hitchcock
domingo
viernes
El Turco
En 1769 un autómata llamado El Turco, construido por el ingeniero austríaco Wolfgang von Kempelen, visitó todas las cortes europeas retando al ajedrez a todo el que se atrevía a jugar contra él. Jugó contra Napoleón, contra Benjamin Franklin, contra maestros del ajedrez, y los venció.
Años más tarde se descubrió que El Turco estaba manejado por un humano que se escondía en el interior de la mesa de juego. Unos espejos situados en los ojos del autómata le permitían ver el tablero, y gracias a unos ingeniosos mecanismos de relojería podía controlar la mano del autómata para mover las piezas por el tablero.
Hasta 15 maestros de ajedrez manejaron a El Turco, siendo el más famoso un enano llamado Tibor Scardanelli, que cabía sin problemas en el interior de la mesa y además era un extraordinario jugador de ajedrez.
Juan Antonio Pascual Estapé, Inteligencia artificial: qué es, cómo funciona y para qué se utiliza en la actualidad
jueves
La mujer de un cuadro de Hopper
“Porque New York —apunté allí— es una ciudad que no se puede captar ni transferir solo con la pluma, se necesitan imágenes. Ha empezado a llover, es de noche, tengo la radio puesta, la lluvia se ha convertido en tormenta.
Casi todas las luces de las casas están apagadas, pero aún queda alguna encendida. Desde la soledad de mi cuarto las dudosas figuras de los demás, a la luz de las lámparas, son siluetas fugaces de la gente desconocida que se mueve detrás de sus ventanas: parecen interiores de Edward Hopper.
Yo misma ahora soy como la mujer de un cuadro de Hopper, mientras pienso en él y siento un poco de melancolía y desarraigo, comiéndome una manzana en soledad”.
Carmen Martín Gaite
domingo
Mediana edad
La camarera vivía en una casa rodeada de barrotes. Cuando recibía visitas primero se extrañaban, después preguntaban y por último se estremecían.
El bloque donde vivía la camarera había sido un sanatorio para enfermos mentales, se había ido reformando, se había añadido un piso, se había cambiado la fachada, derruido las habitaciones y construido los baños. Pero los barrotes rodeando el edificio seguían allí.
Nadie se atrevía, ni tampoco querían quitarlos. Algunos, los vecinos más mayores, por la idea absurda de que siempre estuvieron allí, los de mediana edad porque se sentían seguros y los más jóvenes porque les daba una especie de originalidad, de recuerdo trágico, como el que tiene un tatuaje carcelero en el antebrazo o un antepasado muerto en la guerra.
La camarera, que no era mayor ni de mediana edad, algunas noches olvidaba las llaves de la verja en casa.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
viernes
El interior del encuadre
Hay, pues, una cosa que todo cineasta debería admitir, y es que, para conseguir el realismo en el interior del encuadre previsto, tendrá que aceptar una gran irrealidad del espacio circundante.
Por ejemplo, un primer plano de un beso entre dos personajes que se supone que están de pie, se conseguirá tal vez colocando de rodillas a los dos personajes encima de una mesa de cocina.
Françoise Truffaut, El cine según Hitchcock
Concédame crédito
[…] me ocurre algo parecido a aquello que le decía Sterne a sus lectores: que no se dejaran guiar por las apariencias y tuvieran paciencia.
Él le decía al lector: "Aguante conmigo y déjeme proseguir y contar mi historia a mi manera. Y si de vez en cuando parece que me entretengo con tonterías por el camino ---- o que a veces durante unos segundos y mientras pasamos de largo, me pongo un cucurucho con un cascabel, ---- no se esfume usted, ---- sino más bien concédame cortésmente crédito y confíe en que en mí hay más sabiduría de la que muestran las apariencias; ---- y a medida que avancemos dando tumbos y a trompicones, bien ríase usted conmigo, o bien hágalo usted de mí, o en suma, haga lo que prefiera ---- pero no pierda usted nunca el humor".
jueves
Carecer de ambiciones
Es más fácil encontrar gente que odie a los literatos (o a un literato en concreto) que a un amanuense. Desde que existe la humanidad, los hombres jamás se cansarán de odiar en los demás lo que ellos mismos querrían ser, sin poder llegar a serlo.
¿Y quién no desea la sabiduría o, por lo menos, el brillo que da la sabiduría que se supone que tiene a su alcance alguien que es escritor?
El amanuense, en cambio, no despierta recelos ni envidias. Es una figura modesta, simpática. Carece de ambiciones y, por tanto, no molesta. Se limita a copiar lo que hacen los otros.
La costurera polar, Amanuense
Otros interlocutores lejanos
En esta tragedia, el fatum, el elemento sombrío y mágico, es el teléfono. Está escrita en los años veinte: se estrenó en 1930, y todavía quedaban los teléfonos de manivela, la operadora, las líneas cortadas, las intromisiones de otras voces y otros interlocutores lejanos.
Un arranque de siglo donde las técnicas entraban directamente en casa y perturbaban.
Eduardo Haro Tecglen, La tragedia está al aparato, El País
Boda real
«No teníamos ni idea de lo que iba a pasar», relata en su perfil de TikTok el novio, Vicente Desantes, un guionista de musicales que se marchó a estudiar fuera de Valencia, que volvió a la capital del Turia para la 'no-boda', y que le tocó ser uno de los dos grandes protagonistas del evento por sorteo.
Sus amigos repartieron los roles por azar: él y una chica que no conocía fueron los novios, mientras otros se metieron en la piel de los suegros, de los padrinos y del resto de invitados.
Pese a ser un matrimonio ficticio, la realidad es que dio el pego y allá donde fueron convencieron a los presentes de que se trataba de una boda.
Según relata el novio, sólo conocía la hora y la ubicación de la iglesia, en pleno centro de Valencia. Allí, se congregaron todos los invitados, ataviados con trajes y vestidos de alto 'standing'. Hasta convencieron a varios agentes de la Policía de que era un evento nupcial para poder aparcar en la puerta, disparar una traca y tirarles arroz (luego lo recogieron con varias escobas que portaban).
David Maroto, ABC
miércoles
Esto no es real
Sneakers (Phil Alden Robinson, 1992)
lunes
Un billete de cien pesetas
El desarrollo del debate fue una continua ceremonia de la confusión y de la provocación. Arrabal pidió al auditorio, una aplastante mayoría de militantes libertarios, que los anarquistas rezaran para que España volviera a ser la de Santa Teresa, San Juan de la Cruz y el Quijote y reivindicó para los anarquistas "el derecho a que se les aparezca, como a mí, la Virgen María".
[...] Cuando un veterano militante cenetista manifestó en su intervención estar de acuerdo con parte de lo que Arrabal decía, éste se encaramó en su silla y se subió de pies a la mesa de presidencia, sacando su cartera e insistiendo en darle un billete de cien pesetas al citado cenetista. La escena provocó la hilaridad general.
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