En esta tragedia, el fatum, el elemento sombrío y mágico, es el teléfono. Está escrita en los años veinte: se estrenó en 1930, y todavía quedaban los teléfonos de manivela, la operadora, las líneas cortadas, las intromisiones de otras voces y otros interlocutores lejanos.
Un arranque de siglo donde las técnicas entraban directamente en casa y perturbaban.
Eduardo Haro Tecglen, La tragedia está al aparato, El País
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