Aquel brillo
La realidad era un escenario febril en el que cada objeto tenía una función.
Daba gusto levantar los ojos y observar las ventanas encendidas, apreciar el color amarillento de la luz y adivinar las vidas que discurrían al otro lado de los visillos. Todo estaba por estrenar, por ver, todo estaba por inaugurar. Incluso las esquinas más sucias, más rotas, más meadas por los perros, tenían esa calidad de representación, de parque temático, que producía asombro.
Me pregunté qué habría ocurrido si aquel lejano día de mi infancia no hubiera regresado al sótano por el mismo agujero por el que había salido de él. Tal vez la vida hubiera mantenido siempre aquel brillo o aquella fiebre, que ahora acababa de recuperar y que nunca más, me dije, perdería
Juan José Millás, El mundo
No hay comentarios:
Publicar un comentario