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Virtualmente infinito

Borges había reseñado en junio esa conferencia de Valéry en el College de France, fascinado por sus dos tesis en apariencia contradictorias: la primera, que toda creación literaria “se reduce a una combinación de las potencias de un vocabulario determinado” (es decir, una combinación feliz de las reglas del idioma), y la segunda, que “las obras del espíritu solo existen en acto”, un acto que “presupone evidentemente un lector o un espectador”. 

De esas premisas se derivan conclusiones divergentes, porque la primera comporta un número finito de obras literarias, mientras que la segunda subraya que cada lectura es única y distinta de lector a lector, lo que convierte su número en virtualmente infinito.

Domingo Ródenas de Moya, El orden del azar: la vanguardia de Guillermo de Torre junto a los Borges

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