viernes

Un lindo nombre

Por entonces yo no tenía piedad, para mí era más importante el arte que la vida.


Ahora creo que no hay nada más importante que la empatía, pero en aquellos años, demasiados, lo único importante era abrir puertas y generar caos.


Lo del teléfono era un caos al alcance de cualquiera, yo no entendía por qué no se intervenía más en la vida de las personas teniendo un teléfono con el que poder acceder a ellas y millones de palabras para hacer explorar su cotidianidad para hacer estallar ese instante anónimo y amorfo en el que se encontraban en esa tarde de lluvia.


— ¿Puede decirme, por favor, de qué conoce a Antonio?


En esos momentos yo dejaba pasar unos segundos que caían como losas sobre el tiempo de la persona que estaba al otro lado.


— ¿Señorita?
— Dígame.
— Le preguntaba que de qué conoce usted a mi marido.
—No... disculpe, supongo que es su esposa. No es nada, algo profesional, nada importante, solo dígale que no puedo acudir esta tarde y que siento haber tenido que llamar a su domicilio.
— Me está poniendo muy nerviosa, ¿cómo dijo que era su nombre?
— Ana, Ana Genovese ¿y usted? ¿con quién tengo el gusto?
— Yo soy la esposa de Antonio.
— Sí, lo sé, creo que he visto alguno fotografía suya, me refiero a su nombre.


Lo de soltar detalles personales es como dejar bombas de humo en una escuela, provocan pánico y curiosidad a partes iguales.


— ¿Me conoce? ¿él le ha enseñado fotos mías?
— Claro, es usted muy elegante señora Santorini, y muy hermosa si me permite decirlo.
— Mi nombre es Elvira.
— Claro, ahora sé por qué Antonio a veces me llama así, es un lindo nombre.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas


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