jueves

Días de sardinas


En el cuarto B vivía la Malinche. No tenía nada que ver con la traductora de Cortés sino, tal vez, con su aspecto de mujer mestiza.

Vivía sola, aunque no faltaban hombres a la puerta de su casa, solteros y no tan solteros del barrio que podías encontrarte entre el segundo y el tercer piso, rondando por las escaleras, entrando o saliendo del portal o haciéndose los remolones en el cuarto de la basura.

Todos estos episodios ocurrían a diario, excepto los días de sardinas. Esos días la Malinche tenía una visita que la alejaba del resto del mundo. Un hombre mayor, casi un anciano, del que se hicieron mil suposiciones, ocupaba su tiempo y su espacio sin que hubiera sitio para nadie más.
 
Desde entonces, cuando huelo el aroma de las sardinas friéndose siento una especie de punzada en el vientre y me acuerdo de la Malinche y de su visita, y de cómo todos los hombres que la rondaban daban media vuelta, bajaban las escaleras a toda prisa y salían de nuestro portal con cara de niño pequeño sorprendido robando caramelos.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas



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