martes

Ana Genovese

— Dígale a Antonio que esta tarde no podré verle.


No era fácil acertar con el nombre pero a veces tenía una fuerte intuición y arriesgaba, si ganaba era como un torpedo en medio de la sala de máquinas.

 
Notaba la duda al otro lado del teléfono. Afuera llovía con intensidad, las gotas golpeaban los hierros del balcón y la tarde se oscurecía por momentos.


— ¿Quién es usted?
— Soy Ana, él ya sabe.


El tono de la esposa cambiaba, pasaba a ser oscuro, un poco grave y un poco ahogado.


— ¿Qué Ana?
— Ana Genovese, él ya sabe.
— ¿Genovese? ¿De qué conoce a mi marido señorita?
— No importa de que lo conozco, solo dígale, por favor, que esta tarde no puedo verle.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas


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