Abolladuras
Los padres de Dina tenían las llaves de un departamento en Ayacucho, cerca de la facultad de Medicina. Se las custodiaban a una parejita de ancianos que tenían plata y que viajaban durante todo el año.
El viejo de Dina les había arreglado el auto varias veces, al parecer manejaban muy mal y siempre tenían la carrocería llena de golpes. Tenían tantas abolladuras que se hicieron amigos del mecánico.
Cuando supe de ellos por primera vez era invierno y estaban en una isla española. Me interesé mucho por su vida cuando supe que ambos escribían, que habían estrenado varias obras de teatro y que eran apreciados en Europa.
Yo jamás había oído hablar de ellos y le pregunté con mucha curiosidad a Dina. A ella parecía que no le interesaba nada lo que le decía, pero una tarde subimos al colectivo y llegamos a la calle donde tenían la casa los escritores.
Dina los llamaba los escritores con tono despectivo, pero sabía que me interesaba todo lo que tuviera que ver con los libros y robó aquellas llaves para mí.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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