No recordaba a Adela, apareció al final de la barra, se acercó y me dio un beso, yo me quedé con la mano extendida, como un pasmarote, ella rio como solo saben hacerlo las mujeres que conocen bien las reglas de la partida, las que saben algo que nunca sabrás.
— Cuánto tiempo sin vernos, Adela.
— El justo para volvernos a encontrar.
Terry Salgado, Bares sin nombre
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