Walser [...] llega a ser importante a fuerza de hacerse pequeño, de quedar al margen de todo, empezando por las camarillas literarias, y que se erige en «rey de las paradojas». Entre otros muchos oficios (el último, mayordomo en un castillo de Silesia), desempeñará el de pulcro escribano, al tiempo que por las mañanas escribe sus Microgramas con letra minúscula e ininteligible.*
Walser consigue conjugar «ingenuidad con melancolía», apunta Sorg, la pureza de la mirada sobre las cosas insignificantes con un sentido del humor sumamente particular que a veces se nos escapa.
«La literatura debe ser humilde», aseveraba Walser, y su creación fue una infinita exploración de lo pequeño, lo inesperado, atenta siempre a «los clichés y las palabras vacías»
P. Unamuno, Walser y el arte de 'Escribir sin motivo'
*Para hacerse una idea aproximativa del tamaño de su escritura, basta saber que según Werner Morlang, uno de los más denodados exploradores del Archivo Robert Walser, de 34 hojas de microgramas se extrajeron dos libros enteros, la novela El bandido, que en la versión francesa editada por Gallimard tiene 152 páginas, y la serie de escenas y de textos breves (género en el que Walser alcanzó las cimas de su arte) que, con el título general de Félix fueron descifrados y editados en 1972 por Jochen Greven y Martin Jürgens. Pero es en la mayoría de los casos la singular predilección por ciertos tipos inusitados de papel lo que ha generado más especulaciones.
Walser acostumbraba escribir en hojas de almanaque (que solía cortar por la mitad), en reversos de facturas, de volantes, de sobres ya utilizados. A menudo, nuevos textos eran escritos en el dorso de alguna tarjeta postal e incluso en el de alguna circular impresa con la que tal o cual revista le comunicaba el rechazo de algún texto anterior enviado para la publicación.

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