domingo

Informe número 1

Registramos toda la casa.
 
Lucía se entretuvo con los libros del salón. sacó los cojines de un sofá demasiado grande y demasiado amarillo para una persona que vivía sola, y encendió la tele para ver cuáles eran los últimos canales que se habían visto.

Yo estuve un rato en la cocina que estaba recogida, perfecta, lista para una sesión de fotos. Parecía que allí nadie había hecho ni un huevo frito desde hacía mucho tiempo. Dejé la nevera para el final.

De fondo oí la tele y me sobresalté, dos voces discutían sobre un asesinato. Me llevé la mano de forma instintiva a mi arma reglamentaria y sonreí imaginando a Lucía con el mando a distancia bajando el volumen a toda prisa. En la película, una mujer policía le decía a su compañero que estaba equivocado y que si por ella fuera no volverían a trabajar juntos. Era la típica serie de pareja de polis que no se llevan bien, todo muy falso, pero las voces eran estupendas.

Hice un poco de ruido con los platos para hacer ver que yo también estaba trabajando, abrí el cajón de los cubiertos, igual de impecable que el resto de la cocina y un armario en el que se acumulaban en perfecta formación varios botes de cristal con semillas y cereales de muchos tipos y colores.

Lucía cambió de canal, el volumen volvió a subir y pude oír una voz masculina retransmitiendo una prueba de natación en la que vencía una mujer con apellido ruso.
 
El baño era pequeño, tenia una luz azulada que le daba un aspecto limpio, estaba más liado que la cocina y tuve que tener cuidado para no pasarme nada por alto. Sobre el bidet había una cestita de mimbre con varios tampones. La ducha no tenía mampara, ni cortina de baño, aunque había una argolla de plástico azul colgando de la barra. Sobre el mueble del  lavabo varios botes con cremas, un tubo de dentífrico casi terminado y un bote de champú que abrí y aspiré su aroma tratando de imaginármela.

Terry Salgado, El informe amarillo

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