Acababa de llegar a la comisaría, era un policía bisoño al que aún le asustaba el peso del arma en el pecho.
Fue en un caserón en Isabel la Católica, frente a la iglesia erigida en honor de la pobre Felicitas Guerrero, es por eso que las mentes de los periodistas encontraron una feliz coincidencia para llenar sus periódicos, dos asesinatos en mismo punto de la ciudad, dos mujeres hermosas con un disparo mortal en la espalda.
¿Quién no estiraría la noticia hasta lo absurdo?
¿Quién no mentiría ante una verdad así?
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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