jueves

Diez más uno

Un día, cuando mis viejos estaban discutiendo en el almuerzo, me enteré de que papá decidió ennoviarse con mamá porque la atropelló un carro.

Mamá se puso furiosa y el viejo se reía.

— Siempre supiste lo del auto ¿a qué te pones así ahora?

Yo me avergonzaba al escucharlos, pero a la vez me daba mucha curiosidad y una especie de excitación antinatural.

— No soporto que lo hicieras por pena.
— ¿Estás loca? Te dije mil veces que no fue por pena, cuando aquel auto te arrolló y saliste volando supe que eras para mí.
— Aún no sé si eres para mí vos.
— Se me saltaron las lágrimas al ver que volabas como un ángel.

Yo me moría de ganas de preguntar ¿dónde fue el atropello? ¿de dónde venían? ¿a dónde iban? ¿quién le atropelló?

— Solo sé que estuve diez días en el hospital con los huesos de la pierna rotos y que no viniste a verme ni una sola vez.
— Tenía muchos asuntos que resolver. Llegué al diez más uno, y aquí sigo.

A lo largo de otras discusiones, en otros almuerzos, me enteré de que el atropello fue en el cruce de Independencia con La Plata, mamá iba a su laburo en un periódico, era su primer día y nunca llegó. El viejo volvía de pasar la noche fuera, una furgoneta que repartía tartas y pasteles se saltó el semáforo y golpeó a mamá que salió volando, y papá pudo ver sus piernas desnudas moverse en el aire y las bombachas pegadas a su cuerpo.

Por supuesto las tartas nunca no llegaron a su destino.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

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