Estoy tan asustado como agradecido, agradecimiento al azar, al hermoso y tembloroso azar, rey de las cosas sin que él lo sepa. Nosotros le otorgamos ese trono y él ni siquiera se sienta en dicho trono, pues se queda durmiendo en los laureles todo el santo día, ajeno a su reino, macerándose en las nubes, en su indolencia inescrutable.
Tengo que marcharme de Madrid, hacia un lugar bello. Cierro ventanas. Cierra todas las ventanas, me digo a mí mismo. Oye las bisagras, oye la acción de las cremonas, echa las persianas, despídete.
Manuel Vilas, Los besos
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