En septiembre de 2021, justo después de la pandemia, en la secretaría de la facultad me dieron una lista con los nombres de mis nuevos alumnos. El primer día de clase fui nombrando en voz alta sus nombres, uno a uno, y, a pesar de que el aula estaba llena, hasta el último "Zurita García, Andrea" nadie estaba presente.
Por suerte Zurita García, que se había matriculado por segunda vez en mi asignatura, le encontró una explicación a aquella anomalía "Terry, te han dado la lista del año pasado". Haciéndome el perplejo me fijé con detenimiento en los nombres y apellidos de aquel listado y efectivamente la mayoría me sonaban, aunque apenas les ponía cara quizás porque el curso anterior los vi de forma presencial unos pocos meses o más probablemente por mi despiste innato.
Traté de solucionar el problema acudiendo al secretario de alumnado, también hablé con dos administrativos y hasta con la secretaria del decano. Todos me dijeron que habría habido un error debido a un corta-pega y que la solución era sencilla, pero los días pasaron y yo seguía con mi lista caducada.
La situación era ridícula así que busqué una solución igual de absurda, les propuse a los alumnos que adoptasen cada uno el nombre de uno de sus compañeros del año anterior y que dijeran "presente" cuando oyeran ese nombre al pasar lista.
Sorprendentemente todos aceptaron el reto y se pasaron la hora de clase repartiéndose nombres y apellidos, algunos elegían los más sonoros y otros los más extraños, muchos cambiaron de género y sólo se quedaron con los vulgares los que llegaron tarde.
El día siguiente, cuando pasé lista, no faltó ni un solo alumno, todos contestaron divertidos y excitados cuando oían su nueva filiación y sólo Zurita García, Andrea respondió con tristeza "presente" al oír su verdadero nombre.
Terry Salgado
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