Luis bajó del taxi frente al edifico de Olga, cruzó la calle y le mandó un whatsapp "Estoy en la puerta. Luis". Casi al instante sonó un ruido metálico y el portón se abrió con un chasquido.
El ascensor dio otro chasquido al cerrarse y Luis aprovechó el viaje para meter la mano en su mochila y comprobar con el tacto si tenía todo lo que necesitaba.
La casa tenía dos puertas, la principal y la de servicio, y Luis se colocó entre ambas. Pensó que la que se abriera le indicaría al instante quién era esa mujer y, quizás, quién era él mismo.
Esperó sin llamar, a los treinta segundos miró el móvil y al minuto golpeó la puerta con los nudillos.
Alguien corrió un cerrojo, Luis se sorprendió al ver frente a él a un hombre de unos sesenta años, con la cabeza afeitada y con el torso desnudo.
Terry Salgado
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