Mi viejo siempre me dio curiosidad, por su propia personalidad que nunca llegué a entender, o entendí mal, y también por su edad y género.
Desde niña me preguntaba qué hace un hombre de su edad cuando no trabaja o no duerme. No podía entender qué alicientes podía tener para un hombre de mediana edad un día normal, un martes, por ejemplo o, peor, un sábado o un domingo.
Con el tiempo empecé a saber algunas cosas, aunque seguí sin entenderlas.
Nazaré Lascano
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