El primer día les dije a mis alumnos que cada uno de ellos debía traer a clase una naranja o una manzana. Podían elegir entre las dos frutas, pero no podrían entrar al aula si venían con las manos vacías.
La mayoría lo hizo, ganaron las manzanas. Alguno trajo varias piezas pensando en sus amigos, otros no trajeron nada y reivindicaron muy enfadados su derecho a acceder a clase, por último hubo dos chicos que se presentaron con un racimo de plátanos y una chica que llegó con una rodaja de melón.
Nadie trajo limones.
Terry Salgado
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