jueves

Páginas indefensas

Ayer descubrí a un lector, lo vi merodeando la estantería ordenada por autores contemporáneos de una conocida librería de la Gran Vía. Yo me hice la despistada, pero sé que me reconoció y empezó a rondar por el orden alfabético, acercando mucho su cara a los lomos de los libros y, cuando llegó a mi nombre y a mis lomos, los empezó a recorrer con la yema de sus dedos.


Yo lo miraba agazapada desde la mesa de novedades y sufría y gozaba a la vez viéndole como tocaba mis volúmenes apretados contra otros y los sacaba sin pudor liberándolos de su presión y tras una rápida mirada los volvía a colocar, una y otra vez, en su hueco.


Ruborizada, tuve que mirar hacia otro lado cuando sacó de su sitio uno de mis diarios más gruesos, lo abrió al azar y paseó sus dedos por la página indefensa. Le di, les di, unos minutos de intimidad, pero cuando volví la vista él ya no estaba, lo busqué con la mirada, pero sólo pude ver el libro, mi diario, muerto, cerrado, durmiendo el sueño de los no leídos junto al de otro autor vecino al que detesto.


Nazaré Lascano

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