El hombre posa en actitud vertical, mientras que el mundo que lo rodea parece seriamente inclinado. ¿Cuánto? Pongamos que unos 20 grados.
En todo caso, quien se muestra torcida es la realidad, no el individuo. Todo, a espaldas del retratado, parece a punto de volcarse. Él, en cambio, permanece erguido, con la expresión tranquila, como si no advirtiera la pérdida de equilibrio del mundo.
Sorprende, en consecuencia, la naturalidad con la que el crítico acepta el desajuste, pues no hace esfuerzo alguno para mantenerse en pie.
Quizá no sabe todavía que está muerto. O lo sabe y acaba de averiguar que la muerte consiste en que el mundo se incline sin hacerte perder el equilibrio.
Juan José Millás, Pérdida de equilibrio, El País, 18/10/2026
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