jueves

Indeleble

Fui a otras bodas acompañando a mis viejos, también a celebraciones familiares como primeras comuniones de primitos de otras provincias o aniversarios de tías demasiado mayores como para celebrar aniversarios.

No sé porqué me veía en medio de aquellos fastos cutres, pretenciosos e ingenuos. No sé porqué yo, quien por entonces no me consideraba cutre ni pretenciosa ni mucho menos ingenua, no me negaba a ir a la peluquería en la víspera, a ponerme un vestidito y acudir a restaurantes de serie media, con sillas tapizadas sobre manchas indelebles.

Debe ser por eso, por las manchas indelebles, que no había celebración en la que no acabara con mi vestido salpicado de alguna salsa, de nata montada o de café.

Nazaré Lascano

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