Me extrañaron cosas estúpidas en casa de Amparo.
La primera noche que me quedé no encontraba nada, me sentía como una estúpida preguntándole todo a cada paso. "¿Dónde está el café? ¿No tienes azúcar? ¿Dónde hay cucharillas? ¿Cómo sale el agua caliente de la ducha? ¿No usas almohada?"
Amparo no se sentía molesta, me indicaba con amabilidad y con precisión dónde estaba lo que buscaba o me decía que no había o que no usaba con el mismo tono.
Las cosas funcionaban distintas en esa casa, y no porque Amparo fuera ciega sino porque era Amparo.
Nazaré Lascano
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