La fiebre del cacao
Fue a Lupe a la que se le ocurrió lo de la leche con cacao. La idea era muy simple, en lugar de café con leche tomaríamos leche caliente con cacao en polvo para desayunar y prometíamos no limpiarnos la boca en toda la mañana.
Lupe estaba estupenda con sus labios manchados dibujando surcos en las comisuras como un delta de chocolate después de una gran sequía. A mí, debido a mi piel clara, se me notaba aún más, un arco informe de chocolate reseco rodeaba mi boca durante todo el día haciendo que todo el que hablara conmigo no pudiera quitar sus ojos de mi boca.
Lupe exageraba la situación relamiendo sus restos de chocolate mientras hablaba, pero a mí me daba más vergüenza y perdía el hilo de las conversaciones o trataba de marcharme en cuanto podía.
Nadie nos dijo nada, algún profesor lo intentó, pero ante la posibilidad de una conversación enmarañada con Lupe prefirió esperar a que se nos pasara aquella fiebre.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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