Entre sus aparatos favoritos estaban los semáforos. Enrique decía que eran máquinas maravillosas que marcan nuestras vidas como ninguna otra.
"Rojo y te paras", "Verde y pasas", pero también puedes pasarte el rojo o parar en el verde. Si lo haces todo cambia, y si no lo haces es el semáforo el que decide sin saber quién eres, dónde vas o con quien te vas a cruzar ¿no es maravilloso?
El semáforo es como un dios ciego dando cartas. Por eso, a veces, Enrique tiene que intervenir y forzar aún más, un poco más el azar.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
No hay comentarios:
Publicar un comentario